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29 septiembre 2012

KEITH JARRETT- Sleeper


Keith Jarrett
Sleeper
Jan Garbarek (ss, fl, perc.), Keith Jarrett (p, perc), 
Palle Danielsson (b), Jon Christensen (bat, perc.). 
Tokio, 16 de abril de 1979. ECM

La publicación de esta grabación histórica, que ha esperado guardada durante años junto a otros registros valiosos que permanecen aún en letargo, supone un acontecimiento que debe ser analizado en su justa medida. Por un lado, la escasez de títulos del cuarteto europeo de Jarrett le dan un valor añadido que viene a completar al también título en directo, algo posterior, Personal Mountains. Dentro de la importancia que el sello ECM iba adquiriendo, a un año de cumplir una década activo en 1979, esta publicación se reafirma en los criterios definitorios que Manfred Eicher iba posibilitando entre la comunicación de músicos pertenecientes a dos escenas distintas: la fundación de lo que se entiende como jazz europeo o más concretamente al impulso definitivo al nórdico gracias a músicos norteamericanos

 Sleeper, con el cuarteto europeo de Jarrett



Porque entonces tenía que ser un músico estadounidense quien avalara una escena (Don Cherry y otros lo hicieron durante los 70) que ya venía cuajándose con criterios muy sólidos de identificación cultural de la región, que su sonido fuera acústico (en una década proclive al jazz fusión eléctrico) y que la libertad expresiva fluyera bajo un control distendido, partiendo de legados como los de Coltrane y Ornette Coleman, en un primer estadio, y de Paul Bley o el mismo Jarrett en segundo. El peregrinaje al estudio de grabación Rainbow en Oslo de todos estos músicos fue establecido por el productor, lugar infrecuente y apartado aunque cargado de las imágenes y la atmósfera de recogimiento en torno al silencio y el paisaje invernal que favorecía el sonido que estaba construyendo.


Esta publicación se reafirma en los criterios definitorios que Manfred Eicher iba posibilitando entre la comunicación de músicos pertenecientes a dos escenas distintas: la fundación de lo que se entiende como jazz europeo o más concretamente al impulso definitivo al nórdico gracias a músicos norteamericanos

Bobo Stenson y Jan Garbarek habían consolidado unas alianzas desde comienzos de los 70, siendo músicos jovencísimos, que no señalaban senderos sólo en el jazz nórdico sino también del europeo del sur, como el que empezaba a hacer posible músicos como Enrico Rava con la ayuda de ese núcleo escandinavo que Manfred Eicher había instalado en su sello. El cuarteto que mantuvieron Stenson y Garbarek en los 70, que conviene revisar con la mirada puesta en la creación presente de éste y del otro lado del océnao, se constituye en sus tres cuartas partes de éste. La disolución del cuarteto americano de Jarrett, con Paul Motian, Charlie Haden y Dewey Redman, posibilitó un traslado como plantilla a un contexto que, como decimos, ECM venía construyendo a la par que las estrellas norteamericanas ocupaban posiciones en su catálogo. Este intercambio dejó a Stenson (pianista coetáneo de Jarrett, de gran impregnación melódica y refinamiento tímbrico, fundador de una escuela propia de notable influencia en los países europeos del norte) sin el grupo que había construido para, relevado en su instrumento por la estrella indiscutible del sello tras el éxito del Köln Concert, poner en marcha un nuevo grupo con Jarrett aportando su estilo y composiciones.


Sleeper debe ser recibido, y así lo hacemos, con una mezcla de sentimientos, entre el regocijo de recuperar un sonido que reconforta y nos devuelve la mirada infantil de la portada de My Song y, de manera más cerebral, para calibrar el valor en perspectiva de la creación de este grupo. El arte se posiciona en su contraste temporal, más de 30 años en este trabajo, y oportuno es situarlo en la historia. El cuarteto americano de los Motian, Haden y Redman estructuraban su discurso colectivo (no olvidemos la personalidad arrebatadora de Jarrett en dicho diálogo) basado en formas abiertas y largos desarrollos improvisatorios que en cierto modo concitaban elementos figurativos y terrenales (las percusiones ) bajo un tratamiento abstracto y energético derivativo del free jazz y la new thing. En medio de todo ello, los recitales a piano solo de Jarrett manifestaban la querencia del músico por patrones repetitivos que impulsaban rítmicamente un discurso melódico que abría espacios de mayor ensimismamiento y cadencias bluesy.


Son melodías sencillas, agradables al oído y de inmediata implicación emotiva las que se inspiran en una inaudita, hasta entonces, articulación basada en el folklore noruego de Garbarek y el blues-folk, de creciente interés por la música popular latinoamericana como en My Song, por parte de Jarrett

Este cuarteto añade a todo lo dicho, primero, un énfasis melódico que hoy por hoy está en primera línea de atención de la creación actual, refractaria a las abstracciones o fricciones propias del lenguaje post free. Son melodías sencillas, agradables al oído y de inmediata implicación emotiva las que se inspiran en una inaudita, hasta entonces, articulación basada en el folklore noruego por Garbarek y el blues-folk de creciente interés por la música popular latinoamericana (el continente sufre golpes de estado e injusticias palmarias, My song es un esperanzado espejo en este sentido) por parte de Jarrett. Ellas hacen tan especial y determinante, desde la perspectiva actual, a una música que en la actualidad podría ser entendida como “pop” por su matiz folk: incluso el KölnConcert ya figura como icono para el sentido absorbente y desacralizador que define al pop.


El disco 1 se abre con el imponente Personal Mountains (ver vídeo más abajo), un tema que sintetiza las esencias pianísticas del Jarrett de los 70 trasladándolas con la misma exigencia melódico-rítmica a un conjunto que se pone a prueba y la supera. Todos responden a este reto veloz e intrincado, Garbarek y su exposición alargada, el robusto y fibroso empuje de Danielsson dibujando esas líneas ascendentes y descendentes al bajo y un proteico y frondoso Christensen a una batería con tendencia a funcionar como percusión abierta antes que sobre patrones prefijados por el jazz. El caudal de Personal Mountains termina en un break que abre un espacio de respiración lírica, todo un remanso propio de os esquemas de Jarrett en su recitales (como el célebre de Colonia), con esas cadencias repetitivas y en suspensión que aquí son elevadas por la voz de Garbarek en líneas melódicas de amplia respiración y en registro. El músico noruego encuentra en esta grabación en directo, a diferencia del Personal Mountains disco, un espacio solista que no se ve “invadido” por la creatividad desbordante de Jarrett. Y lo mismo podría decirse del resto de miembros.


 Jarrett importa del cuarteto americano el efecto entre arcaicismo y modernidad  ampliado en su dimensión tribalista por la flauta liberadora de Garbarek

Son en estas piezas largas iniciales en ambos discos (Personal Mountains y Oasis, respectivamente) donde apreciamos la huella de modernidad de esta música. Temas, decimos, de una amplitud en su duración en la que se pone de manifiesto, en el primero de los citados, la cualidad compositiva y una distribución de conjunto basada en la notación, mientras que en Oasis son las formas libres que introduce el juego percusivo de conjunto, que Jarrett importa de su experiencia con el cuarteto americano ese efecto entre arcaicismo y modernidad (las percusiones pequeñas surten de un sonido cercano al piano preparado de John Cage) ampliado en su dimensión tribalista por la flauta liberadora de Garbarek. En su desarrollo se suceden solos piano- saxo en un enfoque en el que sí se aprecian la estructuras abiertas heredadas del free jazz en Prims.

El resto de composiciones navegan, con una intensidad más contenida en el disco 2, por ese agraciado éter en el que se mezclan las esencias bluesy con las latinoamericanas, bossa incluso en So Tender (estética que no veremos en el pianista hasta el reciente directo a piano solo Río, 2011) o cierto Piazzolla cinematográfico (de esa década) en ese regusto latino que tiene Prims.

En suma, una oportunidad única, inesperada y gozosa, la que nos brinda ECM de disfrutar de un grupo histórico en plena acción. El último, todo sea dicho, en el que Jarrett compartió escenario con un instrumento de viento y las percusiones que solía tocar (y bastante bien) él mismo en su faceta multinstrumentista, que llega a su fin justo en esta época. Un valor en perspectiva que nos devuelve a un presente que ha tomado buena nota del activo melódico que les inspiró en un momento, los años 70, en los que nadie excepto ellos hacían algo parecido.




25 septiembre 2012

JACKSON POLLOCK-action painting

        Jackson Pollock
        Primitivismo y armonía en los trazos salpicados de genialidad

Considerado por algunos como un antihéroe de la creación plástica, por muchos otros - durante los años cincuenta- como el pintor norteamericano más importante del siglo XX, Jackson Pollock llega a Nueva York desde California en 1930. En 1956, en la cumbre de su fama artística, fallece en accidente de coche cuando se dirigía a su casa de East Hampton, en Long Island, Nueva York.

Entre su llegada y su muerte, trascurren 26 años en los que da comienzo la Era Atómica, que a su vez inaugura la Guerra Fría. Una época social de inconformismo y decepción, encabezada creativamente por la generación beat en la literatura de Kerouac, el bebop de Charlie Parker y por el mito maldito y genial del expresionismo abstracto de Jackson Pollock.


La pintura de Pollock es apasionada, enérgica e impactante, en la que las las formas abiertas, fluidas, enmarañadas y móviles pueden ser vistas como caligrafías incomprensibles o líneas cerradas sobre sí mismas. Una plasticidad que dependía de impulsos nerviosos  y ataques emocionales en la que la energía se hace precisa en la superficie de un lienzo tratado desde el suelo. Todo ello sin que falte una armónica belleza en la que lo terrenal y el rito se conjugan con azar y desorden.
  
Procedía de una familia pobre, hijo de un granjero y obrero cuya inestabilidad emocional era tan evidente como el nomadismo al que sometió a su familia. La figura de su madre ejerció una gran influencia desestabilizadora en el artista, debido a su obsesión por el reconocimiento social y el estatus económico que anhelaba. El joven Pollock no estaba dotado para el dibujo, en cambio desde temprana edad supo que quería ser artista.

En torno a los De Kooning, Newman o Reinhardt, Pollock lideró el movimiento "expresionismo abstracto". Inspirándose en la técnica que usaba, el famoso crítico de arte Harold Rosenberg denomino a este género action painting, el arte de acción, pues se basaba en una técnica aleatoria de chorreo que se realizaba con los lienzos en el suelo y tirando lazos de pintura con un palo o haciendo gotear una brocha empapada. A Pollock nunca le convenció el término que definía esta técnica, el dripping o goteo.


 Pintura, ritual y expresión al ritmo que marca un gesto

Pero Pollock no había sido el primero en utilizar el goteo en la pintura, con anterioridad los surrealistas del automatismo lo habían hecho. Cuestión, la del automatismo, basada en la asociación libre, que atrajo la atención de Pollock en un momento de su vida, siempre condicionada por los fantasmas de la rígida figura materna y su dependencia del alcohol, en la que se interesó por el psicoanálisis y en las lecturas de Carl Jüng.

  
El alcoholismo condicionó su carácter, volviéndolo amenazador, depresivo e inestable, y marcó la pauta entre períodos de mayor o menor creatividad. Aunque, como explicaba su mujer, Lee Krasner,  la mezcla entre sensibilidad y cólera, inseguridad y genio, le proporcionaba un magnetismo personal único.

En sus últimas obras las pinceladas eran vacilantes y leves y diferentes a lo que había hecho hasta entonces. La fama le gustaba, pero a medida que ésta crecía aumentaban sus dudas creativas. Su inestabilidad se acrecentaba con el alcohol en momentos de crisis. La bebida le convirtió en un amigo del peligro, de conducir rápido, de la agresividad verbal y física y de no pedir nunca disculpas.





Al ver sus obras póstumas, su amigo, el poeta Tony Smith, recordó lo que le habían dicho en una ocasión: “Cuando un pintor trabaja en círculos... está cerca de la locura. Mira a Van Gogh”.

Jackson Pollock falleció en accidente de coche en 1956.





21 septiembre 2012

RUSS LOSSING- Drum Music (Music of Paul Motian)

DRUM MUSIC
(Music of Paul Motian) 

Russ Lossing
Sunnyside

El pianista neoyorquino ha protagonizado buena parte de la última y productiva década de Paul Motian. Desde su privilegiada atalaya como acompañante, que dio pie a la amistad, nos presenta este tributo pensado como regalo a su 80 cumpleaños, intención que se ha revelado en dedicatoria póstuma. El repertorio lo conforma piezas que interpretaron juntos durante 12 años. El esquemático título - extraído de un tema original- resume y desafía el diálogo en solitario que afronta Lossing ante la alquimia que obró Motian como instrumentista: la singular trascendencia entre percusión- ritmo y melodía-espacio ampliada a su dimensión compositiva.

La esencialidad de gestos musicales que mostraba al final de su carrera -la edad como vehículo para sublimar la expresión mínima- ha posibilitado evidenciar la metamorfosis que se obró en el músico-pintor que dibuja trazos contorneados por un silencio esquivo. La enigmática sencillez de sus piezas, con esos tiempos caprichosos, insistentes y de sutiles cambios teñidos de un brumoso existencialismo, representa la médula espinal en la que confluían los estilos de Thelonius Monk, Ornette Coleman y Bill Evans.



La selección de composiciones presenta ese contraste de planos y tejidos cromáticos de los que emana la respiración climática y la pulsión interior propios de la escritura de Paul Motian


Pero Lossing, lejos de la exuberancia camerística del agraciado tributo que ofreció Joel Harrison, devuelve este mundo hecho de texturas, plasticidad envolvente y tiempo sostenido e indeterminado a la materia estrictamente musical. El pianista bucea en las composiciones de Motian haciendo uso de unos robustos cimientos técnicos y armónicos que trasladan el ensimismamiento y la economía de gestos del autor en frondosidad. Interpreta desde un planteamiento más orgánico que cromático, desde un argumento antes inquisitivo que poético. 

Lossing, fiel a un estilo sólido y sin fisuras, ofrece aquí una lectura densa, indagando en la hondura y la cualidad angular de sus formas, apartada del gesto inacabado que hizo arte su autor. Una lectura, eso sí, en la que pervive la ambivalencia entre el hecho propiamente percusivo (Gang of Five), elevado a monumental por el piano (instrumento que Motian frecuentó más dentro del trío del pianista de turno, con Lossing en el impecable As It Grows, que en sus grupos), y la respiración etérea (Last Call).

La selección de composiciones, sin aparente orden en su disposición salvo la pieza que da título al disco, presenta ese contraste de planos y tejidos cromáticos de los que emana la respiración climática y la pulsión interior propios de la escritura del baterista. El toque cerebral y al mismo tiempo instintivo de Lossing comprende las voces de los tres maestros citados como referentes y también la de grandes pianistas que tocaron con Motian (Jarrett, Bley, Crispell).

Lossing afronta el legado de Motian desde distintos ángulos, todos pertenecen a esa bella imperfección, a ese misterio estructural que tienen piezas como It should have happened a long time ago, Conception Vesel, Mumbo Jumbo o Fiasco. Su arsenal contemporáneo navega por la dramaturgia atonal y el impresionismo sombrío sin pasar por la mirada contemplativa. Se antoja imaginar cuál hubiera sido el resultado de este homenaje si Lossing se hubiera aliado con Manfred Eicher para llevarlo acabo. 


18 septiembre 2012

TETE MONTOLIU Y JAVIER COLINA “1995”-archivo noiself


TETE MONTOLIU 
JAVIER COLINA

1995
Contrabaix/ Karonte

Siendo ciego, Tete veía el jazz como nadie. Siempre dijo que tenía alma de negro, naturaleza de blues. Esa cualidad innata de uno de los grandes del piano europeo se recupera diez años después de su desaparición en compañía del contrabajo de Javier Colina. Un concierto sin red en el Café Central dio pie a esta grabación en estudio donde el dominio del género, la libertad y el diálogo se alían. La idea de este proyecto, como decimos una extensión del escenario frente al público, intenta reflejar el espíritu de un músico como Montoliu, en su sentido más acentuado y expresivo del término. 



Músico integral y políglota, entre Tete Montoliu, Ketama y Bebo Valdés, la asombrosa versatilidad del contrabajista Javier Colina le ha permitido participar activamente en proyectos fundamentales del jazz y de la fusión de músicas tradicionales (cubana, flamenca, lírica). Santiago Auserón, productor-amigo de este trabajo que finalmente vio la luz en 2007, define a Colina: “Es desnudez del pensamiento y del sentir. Es de esos músicos que han dado un salto por encima de la fusión, a la vez hacia delante y hacia atrás”. La profundidad del detalle domina clásicos como Yesterdays (Kern), I remember you (Mercer) o Laura (homenaje al cine negro). Del directo al estudio, la intensa emoción y la abstracción de un lenguaje virtuoso y veloz como el bop y la carnalidad ensimismada del blues. 

Afirma Auserón: “Un clásico no es un modelo que justifique cualquier clase de copia, sino un individuo o ejemplar único que escapa a la generalidad”. Cercanía, inspiración y verdad dialogan al calor de la tradición, uniendo el pasado con el presente.



Foto: Esther Cidoncha



17 septiembre 2012

ERI YAMAMOTO TRIO- The Next Page









Eri Yamamoto Trio 
The Next Page


    Eri Yamamoto (piano), David Ambrosio (bajo), Ikuo Takeuchi 
(batería) Nueva York, octubre de 2011   AUM Fidelity

El sello de Brooklyn comparte inquietudes con la cultura panafricana y también  con la creatividad japonesa afincada en Nueva York, como el caso que nos ocupa. Este es el séptimo álbum de un trío que cumple 16 juntos desde que su líder se afincara en la ciudad. Al primer contacto con la música de Yamamoto se descubren los pilares que le inspiran, que no son otros que los giran alrededor de los que ha llevado infinidad de veces a Japón el muy idolatrado en aquellas islas Keith Jarrett. Especialmente tomando de su amplio espectro aquél más bucólico que se asoma al cuarteto nórdico, mediados los 70, para construir My Song, donde daba un giro hacia un contexto de gran impregnación melódica basándose en el folk-blues.


 La pianista nipona amplía y enfatiza este legado en los pasajes melódicos, pero en su enfoque se ensancha el espacio entre líneas sin llegar a la respiración despojada de un (por  estilo y procedencia) Masabumi Kikuchi. La degustación de ambientes de lirismo positivo y pastoral (los paisajes y el deambular por ellos) inspiran algunos de los temas de manera expresa. El grupo se concentra en una exposición basada en la melodía que no persigue descubrir aristas ni fisuras en ella, tampoco esquinas poco alumbradas que oscurezcan un motivo anímico estimulante y grácil.


Elegante y sugestivo (escuchen Dark Blue Sky, el Standard trio de Jarrett en The Cure aplicando menos músculo), decididamente lírico y atmosférico, The Next Page ofrece una escucha (es su pretensión) parecida a la experiencia de un concierto en vivo: como si tocaran justo al lado. Su mayor logro, en consonancia con esta vuelta a la melodía que se extiende por cierta creación actual alejada de abstracciones y estridencias, permitirte entrar y salir de sus praderas sinuosas y llenas de color. Además, su escucha nos deja 60 segundos que conforman el corte 7 (antes del soberbio Up and Down) para que el aficionado vaya a ponerse “algo de beber”. 
Disco generoso en duración y también en paisajes de leves y sutiles contrastes. 





16 septiembre 2012

ENRICO PIERANUNZI plays SCARLATTI



Enrico Pieranunzi
Ludwigsburg, diciembre de  2007 
CamJazz 

Se trata de un músico cuyas virtudes técnicas y expresivas en el jazz comparten la refinación académica. Pese a ello, este trabajo desmiente las bondades artísticas de todo acercamiento que pretenda mezclar, en cualquiera de las dos direcciones dominantes, al jazz con la música clásica. Ambas facetas que Pieranunzi siempre ha cultivado como instrumentista y que unidas a “imaginación formal, vitalidad rítmica, pasión y sabor mediterráneos”, según sus propias palabras, reúnen los ingredientes que le conducen con éxito y personalidad hasta Scarlatti (1685 -1757).




"Hace unos años -cuenta Pieranunzi- escribí una entrevista imaginaria con Domenico Scarlatti (tenía lugar en Aranjuez, en 1750) donde le preguntaba en un momento dado qué pensaba él… del jazz. Le expliqué sintéticamente de qué se trataba y él me contestó que, si la cosa era tal como yo se la conté, ese “jazz” no era entonces algo tan diferente de la música que él mismo hacía. No es una idea demasiado extraña que Scarlatti y los otros grandes de la música barroca hayan sido unos músicos de jazz “adelantados”.




El argumento unificador que vincula a autores separados dos siglos y medio, o más bien el puente que sirve de mediador creativo desde un mismo lenguaje, pasa por la improvisación. Un canal o medio vital, un lenguaje común pero diferenciado entre ambas músicas. Es la manera en la que interviene en las manos de Pieranunzi como catapulta transformadora, naturalizada y sistematizada en ambas dimensiones pianísticas, la barroca y la contemporánea del jazz, lo que le confiere un singularidad verosimilitud a esta propuesta. Un concepto unificador y de síntesis alejado del ingenioso pastiche postmoderno de Bach y las Variaciones Goldberg del estadounidense Uri Caine.


Cada sonata, así descrita, es una pequeña historia contada en una época distinta,un juego o un sueño que soñaba con ser juego, un relato narrado con la frescura arrebatada por la concisión y la refinación popular. Así, “los colores del cielo y del mar italianos” de la frondosa obra para clave del compositor napolitano dan oxígeno y luz a la pulsación sensitiva y cromática del Bill Evans que reconocemos en Pieranunzi. 








05 septiembre 2012

ENRICO RAVA- On the dance floor

Enrico Rava
On the Dance Floor
Enrico Rava (tp), Andrea Tofanelli, Claudio Corvini (tp, fisc), Daniele Tittarelli (sa, fl), Dan Kienzelman (st, cls), Mauro Ottolini (tb, tuba), Franz Bazyozani (tecl), Giovanni Guidi (p, tecl),  Dario Deidda (b), Marcello Giannini (g), Dario Deidda (b), Zeno de Rossi (bat), Ernesto López Marutell (perc). 
Roma, mayo y noviembre de 2011. ECM

Una semana antes de que tuviera lugar el primero de los conciertos que dan forma a este trabajo en disco, quien escribe se encontraba frente a las cristaleras del Auditorium de Roma. Me llevó allí un amigo arquitecto para que admirara la obra de su compatriota Renzo Piano. En ellas se reflejaba la programación venidera que abarcaba todo el verano y un anticipo del otoño 2011. En él aparecía un nutrido grupo acompañando al maestro Enrico Rava, que venía con su nuevo proyecto sobre música de Michael Jackson. Como sabía que ya no estaría allí, le dije a mi amigo: “tienes que venir a ver esto”. Posiblemente mi apreciación sobre esta experiencia sonora enlatada sería hoy diferente, aunque dudo que mucho mejor, de la que voy a exponer: sería sólo distinta.


Por mucho que sea un bien apreciable intentar superarse con nuevos retos para un músico de su trayectoria, la música de Michael Jackson se antoja antagónica del recorrido que Enrico Rava ha venido trazando en ECM desde Easy Living

Vayamos por partes en el análisis de un disco tan atípico como éste. Por un lado, el sello alemán plantea varias maniobras comerciales -incluidas las de reducción de costes- para captar la atención de un mercado discográfico cada vez más famélico que más bien que mal, por ofrecer un aval de calidad en todos los sentidos y también por adaptarse con lo justo a las exigencias de la tecnología, ha podido ir alimentando. ECM va a seguir tirando de su fondo de archivo sonoro (vean el reciente rescate de Keith Jarrett y el cuarteto nórdico) que compaginará más raramente con grabaciones de hoy como ésta. ECM sabe muy bien lo que es grabar en un estudio, en un teatro e incluso en iglesias. Forma parte de su filosofía, y a los recitales de Jarrett y sobre este hecho diferencial en palabras del genial pianista nos remitimos: no confundir el acto y el instante creativo que tiene lugar sobre un escenario de lo que se ofrece luego en disco. 



Primer y gran punto débil de concepto en este batiburrillo de temas sin sentido orgánico ni orden ni concierto en su disposición (se vale de dos grabaciones). Otra cuestión es que no se recuerda, así de memoria, ninguna producción de Eicher (aquí cuenta con varios apoyos públicos de instituciones romanas para materializarlo sin grandes esfuerzos) que tenga esta orientación estilística alrededor de algo a medio camino entre jazz-fusión, soul-funk y motivos a la italiana cinemático-circenses.

Michael Jackson convirtió la pista de baile en la que sabía moverse su música  y él como nadie en un circo. En Roma saben muy bien la historia del circo, por eso se incluyen citas extravagantes. Pero quizá habría que dejar que esta historia la contasen otros 

El segundo punto llamativo no atiende a cuestiones de concepto o de estrategias vistas en perspectiva, se basan en lo que significa referirse a un autor como Enrico Rava, lo que más allá de su propuesta última significa llevar ese nombre y ese apellido. Para muchos que le hemos seguido con admiración (The Pilgrim and the Stars fue uno de mis primeros ECM) hablar de Rava es hablar de un estilo único, elegante y culto, poético y expresivo, tradicional e inconformista. El estilo de uno de nuestros más grandes fabuladores de una mediterranía que se hace universal a través de este lenguaje que es el jazz, música que, como él siempre ha dejado dicho, hicieron posible desde sus comienzos músicos italianos que emigraron a los EEUU: lo italiano está en su mapa genético.

Por mucho que sea un bien muy apreciable y escaso intentar superarse con nuevos retos para un músico de su trayectoria, que nada tiene que demostrar, la música de Michael Jackson se antoja antagónica del recorrido que la segunda carrera de Enrico Rava ha venido trazando en ECM desde Easy Living. ¿Qué tienen que ver sus discos en Nueva York con Mark Turner y compañía y, sobre todo, esa joya discreta con Paul Motian y Stefano Bollani que es Tati con este repertorio? ¿Hacía falta emular al admirado Miles Davis, quien en los 80 versionara el Human Nature del rey del pop? Dos caras de una misma moneda: Paul Motian y Michael Jackson. Algo no cuadra.

El trompetista aparece aquí más como solista destacado, y casi a la fuerza, que como orquestador, ya que los  arreglos son del trombonista Mauro Ottolini. Músico que ocupa el sitio, y se nota, de ese prodigio gaseoso que es Gianluca Petrella (que, creo, sí lo hace en directo en giras recientes). De los grupos electroacústicos de Petrella (Cosmic Band) y Guidi parece tomar el maestro el impulso para lanzarse a esta piscina medio vacía o, según se mire, demasiado llena de tópicos y gestos reconocibles. 




Michael Jackson convirtió la pista de baile en la que sabía moverse su música  y él como nadie en un circo. En Roma saben muy bien la historia del circo, por eso se incluyen citas extravagantes en el escenario. Pero quizá habría que dejar que esta historia la contaran otros. 



01 septiembre 2012

PEDRO CORTEJOSA SONGBOOK TRIO- en concierto


  Song Book Trio


SIMETRÍAS E INTEGRADOS

La simetría aparece como una sorpresa en los lugares más insospechados. En el orden de la naturaleza y de la música subyace a menudo bajo una superficie caótica...” 



El nuevo proyecto de Pedro Cortejosa, de cuya presentación dimos cuenta como noticia en estas páginas, ponía fin a la programación estival dedicada al jazz que realiza la sala portuense y que, como él mismo apuntó sobre el escenario, tan sólo dos meses antes, que pasaron como un suspiro, había abierto con otro de sus proyectos. Lo cierto es que, para quien se haya acercado al litoral de Cadiz durante julio y agosto, ha sido fácil toparse con distintas formaciones en las que estuviera involucrado el músico referencial de una escena que crece en interés y participantes (el fundamental batería de este grupo, sin ir más lejos) pese a la crisis y la negación pública en ayudas.

La fórmula de directo en la que se dio a conocer el Song Book Trio planteaba un concepto perfilado desde distintos enfoques estéticos y disciplinas artísticas, desde un formato a trío de saxo que amplía su paleta sonora con electrónica, en las que conjuga elementos plásticos y de escenografía que se nutrían de la voz y la danza en una suerte de teatro musical al que, quizá, habría que dotar de una narración más trabajada para una versión con potencial escénico. Porque Simetrías, disco que concreta en sonidos este proyecto, parte de una invitación, de una sugerencia viajera y descriptiva al público sobre la cual distintas formas, encuadres, espacios y figuras dejan de percibirse como asimetrías para hacerse integrados.


Digamos que este enfoque interdisciplinar al que aludimos de su puesta de largo de hace unos meses tenía ya un basamento sonoro igualmente diverso en cuanto estilos. Venía a ser una depuración de las tendencias que Cortejosa ha venido haciendo en los últimos años y que ya dejara materializada en el doble trabajo Trivio. La paleta sonora elegida, basada en una fuente de retroalimentación electroacústica en tiempo real sobre pedales y loops, y una marcada delineación melódica que impregnaba un discurso hilado sobre un eje temático que se repetía (cual simetría), servía de andamio al directo que ahora en esta oportunidad se ve concentrado. 

El trío, con Javier Bermúdez al bajo eléctrico y el baterista y percusionista David León, participa al mismo nivel creativo que un saxo que, ciñiéndonos al símil de la historia, pasa por ser el narrador en un escenario en el que el mar, y su aliento de flujo y reflujo de mareas, sería otra constante que envuelve a los temas.

Divido en dos partes, a diferencia del espectáculo original, el concierto presenta dos de las caras que puede dar de sí esta música. Una música que, voluntariamente, pretende trascender las fronteras de estilo que pudiera, si así fuera en vez de servir de impulso, como creemos, limitar el jazz. Melodía, espacio entre líneas y electrónica juega un papel decisivo a la hora de impregnar, suavizando, la materia común del jazz y la improvisación, proponiendo en una sola voz lugares poco comunes que pudieran venir indicados tanto por el Paul Winter Consort en esa intervención de elementos del folk, el juego con el espacio y las percusiones y cierto sonido de los grupos pequeños de Jan Garbarek en formulaciones de sobreexposición que usaba en los 80, como de tratamientos derivados del pop (algunos de ellos inspirados en el Miles Davis de Amadla en esa misma década) antes que querer ver similitudes con el jazz fusión de los 70.


Y es así, cuando una música está viva, cuando al presentar los primeros cinco temas que se abren con un Simetrías que ya no ejerce de eje narrativo, y se suceden Representando, Al sol o Freebop cuando el sonido se acerca a un jazz garage en el que la materia se impone al poder evocativo. El trabajo de estilización que sustentaba el espectáculo cede el paso a una intervención más compacta y concreto que sólo hasta la segunda mitad dejará un margen restringido a la exuberancia. 

Es en esa segunda mitad, en la que la electrónica se conjuga de manera más abierta, reforzando la voz doblada del saxo y alcanzando las percusiones, cuando con la extensa y muy completa Arcadia y El Anillo, acaso el tema con más clara filiación con músicas del Magreb y tonos amarillentos pese a tener genes inspiradores irlandeses y de color verde, cuando el grupo recupera e integra - es la palabra- tanto la materia como la narración consiguiendo poder descriptivo. A eso ayuda la presencia improvisada de dos bailarinas expertas en danza oriental que en el último tema señalado, con sus gestos ondulantes y marinos, parecían extender con sus cuerpos y brazos el mensaje que dejaba inacabado las melodías.

El Song Book Trio -grupo muy maduro- supone un punto de inflexión en la obra de Cortejosa, basado en naturalización de instantáneas sonoras, de fuentes de sonido y de discurso en movimiento, bien atado por la escritura pero que a la vez señala vías de escape que permiten distribuir el mensaje por sus tres partes.


Milwakee Jazz
Puerto de Santamaría, 30 de agosto
Pedro Cortejosa (saxos tenor y soprano, electrónica)
Javier bermúdez (bajo eléctrico)


David León (bat)





Más información:

www.pedrocortejosa.com