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30 marzo 2014

THE NECKS En trance


THE NECKS
EN TRANCE

El grupo australiano cumple 25 años ocupando un lugar único para el formato a trío. Aunque reconozcan que su bagaje proviene del jazz, su propuesta, iniciada con aquél visionario Sex en 1989, aglutina otras músicas de los 60 y 70, canalizadas por una articulación aditiva y en largos desarrollos que inducen al trance

En una entrevista para un medio británico, Chris Abrahams, el pianista del grupo de Sydney, respondía con ironía a la pregunta algo capciosa del entrevistador de este modo: “Sí, es posible que The Necks suene como ese grupo que está tocando en el sótano en una fiesta hippie”...Pese a parecer una ocurrencia para salir del paso, lo cierto es que esta respuesta encierra al menos dos o tres elementos definitorios del sonido del trío australiano. Por un lado porque pudiera entenderse esa música de fondo (sótano) como música ambiental (“de mobiliario” para Erik Satie), que por duración, lentitud y suavidad en los cambios podría sugerir la influencia de un Brian Eno y también, pero menos, por cierto énfasis rítmico y exotismo, a la lounge music, estilos que se mezclan en su disco de debut más vendido hasta le fecha, el ya citado Sex. La cuestión hippie a la que se alude vendría dada por un gusto por los timbres orientales (India y el sudeste asiático) y por la psicodelia.

The Necks, ejemplo de una construcción basada en palpitaciones y lentos contrastes, dentro de un argumento repetitivo y de improvisación colectiva, entre oleadas de intensidad creciente

En conexión creativa y mediática permanente con la Metrópoli londinense, cuya prensa ha seguido la carrera del trío, es fácil entender que el rock australiano de los 70, pese a definir lazos de singularidad “colonial” con Gran Bretaña, también los extendiende con el rock estadounidense y curiosamente con la línea más dura de Detroit. No obstante, eso no sucede en la ambientación y timbres que desprende la música de The Necks, para la que se hace necesario hablar de psicodelia. Ahí se aprecia la huella del Pink Floyd que aún tenía entre sus miembros a Syd Barrett, en Interstellar Overdrive (1967) y A Saucerful Of Secrets (1968).

En esa longitud de contrastes progresivos, basados en una improvisación colectiva no precisamente jazzística, que elude la tradición solista del trío de standards.Es esa ambivalencia entre tradición y experimentación, en un encuentro imaginario entre el último John Coltrane y el primer Miles Davis eléctrico conectados con el rock sinfónico, donde se construye este trabajo de orfebrería meditativa, de largas duraciones y pequeñas figuras apiladas que varían en cadencias y pulso rítmico.

The Necks 
Tony Buck (batería, percusión) Lloyd Swanton (bajo, guitarra eléctrica) Chris Abrahams (piano, órgano)

Cuando analizamos el trío de Keith Jarrett con Gary Peacock y Jack DeJohnette, incluso en un mismo trabajo en disco, podemos distinguir con claridad cuando l formato se dedica a standards y cuando se vuelva en una creación libre. No es casual que a finales de los 80, justo cuando el hortórico de Jarrett ya llevaba ya unos 8 años activo, surgieran nuevos grupos como The Necks, Medeski Martin &Wood y Esbjörn Svenson Trio. Formaciones con apetitos muy variados que introducen bases de groove, apetito electrónico y timbres no occidentales. Todos ellos, salvo por el trágico caso sueco, siguen en activo con carreras consolidadas y productivas en las que la inventiva se ha explotado según.los parámetros estéticos con los que se fundaron


Una creación intuitiva y calculada a la vez, una mezcla entre la apertura del jazz y la precisión mecanicista del minimalismo

En otros testimonios vertidos por los miembros del grupo, se contempla la disyuntiva si esta música, así configurada sobre una pieza larga, es más adecuada de disfrutar en estudio/disco o en directo. Cierto es que el discurso de The Necks plantea un reto de escucha al oyente que poco o nada tiene que ver con la inmediatez o el canon occidental y más con músicas como el gamelán balinés y la raga india o autores como el Terry Riley de finales de los 60. Para ello reconocen sentirse apoyados por los argumentos comparados, que si música Occidental u Oriental, del pensador y musicólogo Christopher Small. 

Lo cierto es que esta música no requiere de grandes conocimientos ni es campo propicio para un sesudo análisis musical. Otra cosa es, como sucede con la música repetitiva del ya citado Steve Reich o cualquiera basada en un proceso, que requiera una disposición técnica y anímica distintas. De ahí que ellos mismos entiendan que el público los prefiera antes en disco que en estudio, consiguiendo el resultado respecto a la audiencia de un Glenn Gould sin tener que refugiarse eternamente en un estudio.


El significado de nuestra música ha cambiado más que la música en sí misma”

Así es, las claves ya han sido apuntadas y no son pocas, más si cabe cuando se combinan. En cada nuevo trabajo en disco, algunos grabados en directo, la idea (pues una idea básica es la que marca todo el discurso) discurre de manera naturalizada, mezclando aromas y pasajes de otras músicas. Se refería Abrahams en esa frase preliminar a cómo ha evolucionado su estilo en el transcurso de estos 25 años, entre 1989 y 2014. A modo de apunte diferencial sobre un mismo proceso desarrollado en una pieza larga, cabría decir algo de sus discos tomando el año de publicación. 

2013- Open se abre en modo de raga india al inicio y transcurre de forma aumentativa en volumen y motivos. 2004 Mosquito (2cd) tiene un muy interesante y singular tratamiento en la percusión. 2003-Drive by resulta psicodélico, onírico y afro. 2001-Aether se configura sobre ambient y tratamiento percusivo. 2002- Athenaeum, Homebush, Quay & Raab es un cuádruple disco, el primero de ellos con nombre griego nos acerca a un mundo claramente jarrettiano, ya evidente en un trabajo muy anterior: 1990- Pele. Como preferidos, por una expresión algo distinta, más abierta y por su riqueza melódica y su pulso rítmico teñidos de tensión eléctrica, estarían Silver Water (2009), con mayor arsenal percusivo, y el arrebatador Chemist (2006).

El sonido de The Necks proviene de las Antípodas...Sí y no. Está perfectamente enmarcado en la creación jazz-rock de los años 70, entre la psicodelia británica que traía Pink Floyd a finales de los 60, el multi-instrumentismo expansivo de Keith Jarrett y la electrónica planeadora del krautrock alemán (Clauster, Tangerine Dream) como síntesis del minimalismo americano. Podría ser, siguiendo con su inicial metáfora descriptiva, una mezcla entre fútbol australiano y ajedrez, o también esa impresión que deja un grupo sonando en la habitación del final del pasillo en una fiesta surtida de alucinógenos.

Fotos extraídas de su página oficial








27 marzo 2014

OPINIÓN-Mi mapa del mundo

Opinión:

                              Mi mapa del mundo



La música de Pat Metheny suavizaba los perfiles dramáticos de esta película que nos sugiere un título. Cambio perfiles por fronteras, la tragedia se llama inmigración. Releo la historia de un músico que cruzó medio mundo para alcanzar la libertad, pasando por Crimea. Consulto un atlas histórico, siglos XIX y XX... El mapa del mundo según Putin ha crecido desde mi último artículo. Jesús Gonzalo



Putin se anexiona Crimea en menos de un mes mientras las torpes estrategias de la Unión Europea y la debilidad posterior de Obama por incorporar a Ucrania a su órbita Occidental detonan y casi empujan a su población a una partida de ajedrez entre tablas o guerra civil, como se vio en las manifestaciones teñidas de sangre y violencia en la Plaza de la independencia de Kiev. Son movimientos entre bloques geopolíticos con intereses geoestratégicos sobre el mapa y sobre todo, y de ahí esta debilidad política Occidental manifiesta, con fuertes intereses económicos y energéticos con la “Nueva Rusia”.

En el Estrecho, en medio del choque controlado de estas placas que recuerdan el pulso de la Guerra Fría, unos cientos de subsaharianos, se anuncia que un número cercano a los 40.000 espera en tierra marroquí con el mismo objetivo, intentan cruzar la frontera sur de Europa desde Ceuta y Melilla. Frente a las costas de Lampedusa, siguen llegando y muriendo hombres y mujeres que huyen de Siria. Dos modos de ver las fronteras. La del poder y la de la pobreza. Mi mapa del mundo


Nadie sabe lo que ha estado en juego en este pulso diplomático que ha ganado por goleada Putin, biznieto de la Revolución pero hijo del más férreo sistema soviético (KJB), cuya ambición pretende rescatar el imperio ruso de los Zares (tiene un retrato de Nicolás II) justo lo que parecía tenía que enterrar el comunismo. Pero ya Putin en Siria impidió el amago de intervención de los EEUU, que se repliegan de la zona con la anunciada salida de Afganistán.

Todos estos grandes países que se mueven en “su” particular frontera entre comunismo-nacionalismo y el capitalismo más salvaje del mercado negro han tomado buena nota de cómo se ha fallado este pulso, y el de Siria, y el de Irán...Si con China la cosa parecía más que evidente aplastante con sus compras billonarias de deuda pública occidental, el área de influencia planetaria se decantá más aún en Oriente con este personaje sombrío y prepotente que intenta saldar las cuentas de la Gran Rusia tras la caída del Muro (¿lo intentará con otras repúblicas exsoviéticas del Mar Negro?).

Las dos son noticias, información susceptible -más la primera- de ser manipulada en sus conclusiones. Pero la segunda, además de necesidad, conlleva el testimonio del destierro, de una persona, un individuo que tras muchos obstáculos se enfrenta al último de ellos antes de alcanzar su meta. La intrahistoria nos puede enseñar más, por lo tanto, que la historia oficial. La que hoy quiero mostrar es la de un músico judío que huye de Polonia por la persecución nazi. Su vida es una de las más rocambolescas y felices de las muchas y trágicas que puede contar su pueblo en el siglo XX.


Ben Bazyler nace en 1922 en Varsovia y vive en un barrio obrero no judío. Muy joven forma parte de bandas de jazz que se está de moda en los 30, mientras aprende el folclore de su cultura, los klezmorin. En su huída atravesando el mundo llega hasta la Costa Oeste de Estados Unidos sin atravesar el Atlántico, la vía más corta y lógica. La tierra del yiddish, la lengua de los judíos askenazis, se extendía por el sureste de Europa en regiones como Moldavia, Rumanía y Ucrania, país, como saben, que aún no es europea. Hubo un tiempo en el que el sur de Ucrania era visto para el klezmer como Nueva Orleáns para el jazz. Odessa llegó a ser, y hay discos recientes que intentan sacar a flote este hecho, uno de los centros más importantes de la cultura klezmer.



Bazyler llega hasta Ucranía en 1947 al abandonar el campo de trabajo en Sibera, donde fue deportado con su familia en 1941. Primero la amenaza nazi y luego las prisiones soviéticas en Siberia. Sigue hasta el suroeste de Crimea gracias a las indicaciones de otros músicos klezmer. De allí pasó a Uzbekistán, donde se ganó la vida tocando en restaurantes y en bodas en la capital, Taskent. Allí el pusieron el sobrenombre de “Boris el músico”, formando varios grupos de jazz y músicas populares con otros músicos judíos refugiados de Ucrania, una música que era una mezcla de influencias rusas y rumanas. En 1950 consigue que Dave Brubeck toque en la capital uzbeka. En 1967 se asienta en Los Ángeles y comienza otra vida de espaldas al pasado...si eso fuera posible.


No se pueden contar las fronteras, los antiguos imperios (Austro-húngaro, Otomano y Ruso) o las nuevas naciones que hoy cruzaría Bazyler persiguiendo un sueño de libertad. Su testimonio es personal, sí, pero encierra mucha más verdad que la noticia de una nueva frontera entre países


18 marzo 2014

SAVINA YANNATOU-entrevista

SAVINA YANNATOU


Entre las cantantes griegas que mantienen las esencias del Mediterráneo está Savina Yannatou, que junto al excelente conjunto Primavera en Salonico presenta SumigliaTradición y modernidad sin fronteras idiomáticas.

"La idea de tres culturas viviendo en paz no es ninguna utopía"


Las palabras de Savina Yannatou transmiten serenidad, sabiduría y una especial sensibilidad para hacer de su arte una búsqueda, más que una respuesta. Se sorprende cuando se le indica el nombre de la institución en la que esta noche ofrecerá su concierto en Se- villa, la Fundación Tres Culturas, una intención fraternal que resume lo que su música representa. “No lo sabía, parece un proyecto interesante, judíos, árabes y cristianos unidos”. ¿Utópico, dadas las circunstancias? “No lo creo, la historia nos enseña que es posible convivir en paz si aprendemos de ella. La música también”.

Esta actitud que concilia épocas y costumbres, la idónea para afron- tar el futuro del entendimiento en- tre culturas, explica su respetuoso acercamiento a las músicas que re- corren el Mediterráneo. El amplio cancionero popular que recopila es diverso en su origen y época, y tan extenso como la distancia que se- para Armenia de Galicia (“hemos incluido una muñeíra en nuestro último disco”), pasando por todas las orillas del mar histórico e incluyendo a su paso los Balcanes, Sicilia y Córcega. “Si recupero el pasado no es con una intención arqueo- lógica, ni siquiera musicológica, sino para crear y descubrir. Pero, por supuesto, recopilar temas tradicionales, rescatar melodías de la memoria de nuestros pueblos y darles una nueva luz, implica, en cierto modo, recuperar algo del pasado”.


Savina Yannatou no sabe nada del boom musical griego. No se plantea si pertenece a la nueva generación de cantantes femeninas de proyección internacional ni si la música de su país “está o no de moda, o si tiene más razones que otras para cantar al Mediterráneo porque esté mejor situada”. De formación clásica y cultivada en la música popular de su país, Savina y Primavera en Salonico, la formación con la que llega a Sevilla, nos invitan a un viaje sin cronología ni fronteras físicas, pero seguro del camino que hoy pisa.


Para poder dar forma a un repertorio que “se nutre de elementos culturales e históricos tan diversos”, el conjunto instrumental –“confío en que sea el idóneo”–, como otros influyentes grupos folclóricos –el Muzikás de Marta Sebestyen o Brastch– tiene que ser lo suficientemente versátil para poder interpretar una música que toma referentes dispersos –música antigua y medie- val, Renacimiento y Barroco–, añadiendo la improvisación contemporánea, alejada del léxico jazzístico, como vehículo que canaliza y sirve de puente entre pasado y futuro: “con la intención de reinventar la riqueza del legado popular de nuestro entorno”.

Primavera en Salonico

Primavera en Salonico (en judeo-español) toma su título del primer trabajo en el que la cantante colaboró con el grupo en 1995. Dirigido por Kostas Vomvolos, este conjunto de cámara con sobrenombre sefardí (“aunque ninguno de nosotros lo es”) incorpora instrumentos árabes (oud, flauta nay y percusiones) y occidentales (violín, viola, contrabajo y acordeón). Di- cho título fundacional era un home- naje al cancionero sefardí que aún se conserva en una de las comunidades más importantes de esta cultura en el destierro desde el siglo XV, Tesalónica, en Grecia, donde está afincado el grupo. “Sí, el sefardí es una lengua sin tierra, una cultura predestinada a desaparecer”.

Yannatou es la tercera artista que forma parte de la discográfica alemana ECM. Primero fue la compositora de las películas de Angelopoulos, Eleni Karaindrou. Más tarde llegó el pianista Vassilis Tsabropoulos. Pero ella es la primera cantante. “Es muy importante formar parte de esta prestigiosa discográfica, además todos nosotros ya éramos aficiona- dos a los trabajos que publicaban”. En realidad, con Sumiglia empieza la verdadera carrera para ECM. El anterior, el excelente, intenso y vita- lista Terra Nostra, era una grabación en directo.


Ahora el reputado dueño del sello independiente, Manfred Eicher, toma las riendas de la producción, espaciando los sonidos y dando una solemnidad en la que no cabe el tono religioso. “Es, sin duda, una producción ECM, una garantía con todos los ingredientes de marca, todos menos lo religioso. "Terra Nostra fue otra cosa“.

Lo que nos enseña y transmite la voz de esta hermosa mujer es que, al menos en la música, no existen las barreras... “Ese es mi deseo”.


Entrevista publicada en el Diario de Sevilla el 24 de febrero de 2005



06 marzo 2014

TORD GUSTAVSEN-Extended Circle

TORD GUSTAVSEN QUARTET 
EXTENDED CIRCLE (ECM, 2014)


Tore Brunborg (saxo tenor)
Tord Gustavsen (piano) 
Mats Eilertsen (contrabajo)
Jarle Vespestad (batería)

Hace ya algunos años, quien esto suscribe publicaba un extenso artículo, más bien un dossier hecho de entrevistas y análisis, titulado “Joven Piano europeo” en el que aparecía, entre otros cuatro músicos, Tord Gustavsen. La verdad es que no me costó demasiado dar con él, mucho más fue el caso de Marcin Wasiliewski, que luego, en persona, se disculparía por “traspapelar” los correos con unas respuestas que jamás recibí. Vertía Gustavsen en sus correos, escritos en el mejor y más impecable inglés de los cinco, una serie de consideraciones sobre su música que me llevaron a reflexionar aún más en ella, a degustarla con más detenimiento, sin dejarme llevar por prejuicios de estilo (ya saben, ECM y la herencia nórdica), llegando a la conclusión de que sus tres trabajos a tríoChanging Places (ECM 2003), The Ground (ECM 2004) y Being there (ECM 2007), merecían un escucha especial por contender un mensaje no inmediato y “un aliento poético”, decía entonces, “que se nutre de una respiración lírica, romántica e incluso religiosa”.



El bagaje de Gustavsen era clásico en el jazz, interiormente empujado hacia el norte de Noruega y su floclore de pastores y, aquí lo que más me llamó la atención, también hacia el gospel y la música latina (bolero), ambos géneros destilados por el blues bajo un enfoque comprimido que pertenecía a la balada. Comparaba en mi argumento que ese “territorio era visto desde distintos planos, intercalando silencios, ganando progresivamente en apertura de espacios, equilibrio instrumental e intensidad rítmica hasta llegar a Being There...” Ese territorio que ya el cuarteto nórdico de Keith Jarrett había fertilizado (salvo por este recogimiento y atmósfera cálida e íntima de Gustavsen) a través de un vigoroso y delicado, cuando era preciso, sentido melódico-rítmico de folk-bluesy... “Hay distintas corrientes en mi música que intento naturalizar desde la meditación y la integración (...) el cuarteto de Keith Jarrett de los setenta, qué duda cabe, es una de mis mayores influencias”.

Con más espacio entrelíneas, unas cadencias más reposadas y un lirismo encendido paciguado en su fraseo (Garbarek escuela de saxofonistas nórdicos), poco más que añadir a lo dicho sobre su estilo para sus tres discos a trío, cuyo sonido sigue latiendo en un Extended Circle que parece cerrar su trilogía a cuarteto abierta con Restored, Returned (más voz, ECM 2009) y el anterior The Well (ECM 2011). 

Por Jesús Gonzalo