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31 marzo 2017

CRAIG TABORN Daylight Ghosts

CRAIG TABORN 
Daylight Ghosts
Craig Taborn (piano, electrónica), Chris Speed (saxo, clarinete), Chris Lightcap (bajo), David King (batería, percusión electrónica). 
Nueva York, mayo de 2016.
ECM 2017-Distrijazz
Por Jesús Gonzalo @noiself


Más allá de las constelaciones de Sun Ra hay un espacio hecho de materia enigmática, mas no oscura. La perplejidad que causaba su música se debía justamente a que se situaba en la modernidad. Ya lo decíamos en la lista que elaboramos para otro medio en 2004 al incluir a Taborn como valedor de futuro. "Al cruzar la barrera de la vanguardia, el creador puede buscar el camino más corto a la especulación, el sendero ya trazado por otros o la estela de su propio arte". Así abríamos el comentario sobre su segunda publicación en ECM Chants, trabajo a trío que mantenía los criterios de inmersión en su propio estilo ya reflejados en su debut a piano solo Avenging Angel. Estos títulos tenían un sonido que invitaba a bucear en él, no a quedarse en la superficie.










    El tercer disco en ECM propone un escenario más abierto y despejado del carácter exigente y algo subterráneo de las dos entregas anteriores. Cuenta para ello de un cuarteto cuya elocuencia le permite construir un mensaje más abierto y comunicativo al lado de  Chris Speed, David King y Chris Lightcap
(de izquierda a derecha en la foto), 
Taborn cuenta con un cuarteto se diría perfecto para esta intención, todos músicos con una personalidad adaptativa que impide constreñir el mensaje. Chris Lightcap contó con Taborn en el estimulante y vigente grupo de estrellas de la vanguardia que es Bigmouth, un proyecto colorista que filtra ritmos africanos (suya es la apertura al bajo en Ancient), aunque lo hace para que toque allí el Fender Rhodes, es decir, con timbres eléctricos que también aquí aparecen pero sin teclados. Chris Speed es un músico todo terreno en los vientos, clarinete y saxos. Ha participado en formaciones definitivas para el avance lingüístico de las últimas décadas como el Bloodcount de Tim Berne, los proyectos clásicos de Uri Caine o el Claudia Quintet de John Hollenbeck. Su estilo versátil y seguro, sin estridencias ni gestos de ego virtuosístico, basado en acentos y líneas alargadas fácilmente adaptables al redondeo en unísonos, hacen de él un compañero solvente, de lectura rápida e interpretación ajustada al criterio del momento. David King (presente en el citado Junk Magic, aquí en más acústico) proporciona a la batería un juego menos latente y en planos que el de Gerald Cleaver, más ornamental y expresivo.

Este tercer disco en ECM propone un escenario más abierto y despejado del carácter exigente y algo críptico de las dos entregas anteriores, obras, quizá por esa razón, dotadas de un largo y estimulante recorrido en la escucha. En resumen, Daylight Ghosts es una combinación animada del carácter propio de su discurso, reconocible en Ancient y Phantom radio, dos piezas de belleza e intensidad crecientes rotundas, donde la música busca una salida anunciando un desbordamiento. Ahí encontraremos esa articulación geométrica y cromática desarrollada en varios planos, de líneas que se suman (New Glory) y un uso burbujeante de la electrónica como gotas de mercurio (The great Silence) o como plataforma de signos circulares (el piano de Ligeti) que impulsan un cambio que se acaba precipitando (Daylight Ghosts).

Una de las primeras ocasiones que tuvimos de conocer a Taborn, aún desconocido para el aficionado atento, fue junto al maestro Roscoe Mitchell dentro de su conjunto Nine To Get Ready (1999). En ese memorable trabajo se recogía un tema titulado Jamaican Farewell, hermosa composición algo sombría y apesadumbrada que aquí se recupera con un tono más luminoso e impresionista (clarinete). Una lectura en la que reposa el mensaje figurativo que desprende este disco agraciado por un movimiento cambiante y una voluntad comunicativa. Un trabajo que es vía de acceso directo al universo de este músico fundamental.


29 marzo 2017

MIGUEL ZENON Típico

MIGUEL ZENÓN
TÍPICO
Miguel Zenón (saxo alto, voz)Luis Perdomo (piano), Hans Glawischnig (contrabajo), Henry Cole (batería), Héctor Tito Matos Obanilu Allende, Juan Gutierrez (voz, percusión) 
Miel Music 2017
 Por Jesús Gonzalo @noiself

Nacido en Puerto Rico, Miguel Zenón fue el relevo generacional del saxofonista tenor David Sánchez. Al igual que su compatriota y valedor (participó con él en discos como Melaza y Travesía) y otros músicos como Danilo Pérez, para Zenón su llegada a la exigente escena neoyorquina, como botón de muestra el estupendo debut en Looking Forward (2001), tuvo el periodo de formación en la Berklee de Boston, donde adquirió los recursos con los que poder sintetizar tradiciones caribeñas, dotar a su música un aliento de espiritualidad y ritos ancestrales y vertebrarlos desde un riguroso lenguaje jazzístico.

Las esencias latinas definen su música desde títulos con sabero afrocaribeño como Está Plena, Ceremonial, Jíbaro o Alma Adentro. Esas esencias se expresan sin retórica ni exhibicionismos, en construcciones sobradas de técnica y energía

Ceremonial (2004) significó un salto importante tras el apoyo recibido por Branford Marsalis para esta producción sostenida en el sello discográfico de la célebre familia. En aquél trabajo, como hoy pero sin esa respiración “religiosa” de Coltrane, la música se abre con apuntes melódicos y preludios cantables que posibilitan luego una construcción cambiante basada en pasajes de intensidad sostenida o fragmentos de interacción solista con unísonos preclaros piano/saxo. Este esquema de cifrado melódico-rítmico y veloces cambios métricos son la marca de estilo que define a su música

Con duraciones en torno a los 8 minutos, el desarrollo colectivo y el solista posibilitan, en una compenetración que quita el aliento, intercalar varios temas en uno. Las frases sublimadas por el líder y momentos pausados de conjunto en un siempre rotundo sentido de la polirritmia y de tensión colectiva a veces nos pueden sugerir a Steve Coleman. Su saxo alto se sigue caracterizando por la velocidad en el fraseo, la claridad de líneas y un timbre pulido y con brillo.


Tipico es un homenaje a la brillante y decisiva trayectoria que ha tenido el cuarteto en la carrera de Miguel Zenón, en el centro, Luis Perdomo (piano) a la izquierda, Hans Glawischnig (bajo) y Henry Cole (batería) a derecha


Tipico es un homenaje a la brillante y decisiva trayectoria que ha tenido el cuarteto en la carrera de Zenón, que lleva desde los comienzos de su carrera en el 2000 sostenido por la dimensión orquestal que imprime el piano del gran Luis Perdomo. También el contrabajista Hans Glawischnig figuraba ya en el ya citado Looking Forward. En su formación original, formato en el que ha madurado su estilo, se completaba con Jeff Ballard y Ben Street.

La espiritualidad mestiza que respiraba su música hasta Ceremonial -legado Coltrane- se ha ido transformando en un mecanismo de relojería que maravilla en este Típico en el que cualquier idea, cualquier tema, puede expresarse tanto desde los sentimientos encendidos como desde el un lirismo fibroso. Y esto se consigue con muchos años de conciertos a sus espaldas que facilitan una compenetración que a demás de ser rocosa emite una frescura expositiva resuelta y libre en apariencia, construida sobre una escritura que crece en un diálogo sináptico

En este trabajo, si hubiera que resaltar algo antes no oído en su música, serían descubrir modos aparentemente lejanos a sus sentir caribeño pero que cobran sentido en este contexto. En Ciclo escucharemos ribetes en el fraseo de saxo y aperturas melódicas en desarrollos más alargados que recuerdan al mejor jazz nórdico de los 70, el que unió a Jan Garbarek y Bobo Stenson también en cuarteto.

Esencias latinas definen su música desde títulos profundamente latinos como Ceremonial, Está Plena, Jíbaro, Rayuela o este asombroso Típico. Dichas claves se expresan sin retórica ni exhibicionismos, sin caer en el consumo musculoso y superficial, alimentando la energía que comunica Zenón entre un jazz sin aditivos, salvo el carácter afrocaribeño que lleva en la sangre





27 marzo 2017

ALFREDO RODRÍGUEZ Tocororo

TOCORORO
Alfredo Rodriguez piano, suzuki melodion, sintetizador, voz; Reiner Elizarde contrabajo, Michael Olivera batería, percusión; Ibeyi voz (2, 8), Richard Bona voz, bajo elec. (3, 7, 13), Ibrahim Maalouf trompeta (6, 10); Ganavya Doraiswamy voz (5, 10), Antonio Lizana voz (4), Ariel Bringuez saxos tenor y soprano, clarinete, flauta
Grabado en Madrid. Mack Avenue 2016 
http://www.alfredomusic.com

 Por Jesús Gonzalo @noiself

Desde este blog hemos tratado en varias cocasiones sobre la singularidad del piano cubano, del poder expresivo único que tiene para mimetizarse en percusión, en emoción de melodía popular o en exigente refinación clásica. Alfredo Rodríguez, pese a su juventud pero gracias a importantes apoyos como el de Quincy Jones, ha llegado a escena internacional de manera arrolladora. Su corta pero fulgurante carrera parece tener vínculos con las de otro compatriota ilustre, Gonzalo Rubalcaba, que desde que recibió el aval de Charlie Haden a finales de los 80 se hizo con un puesto en el mejor de los mercados jazzísticos. Rubalcaba acabó yéndose a Florida; Alfredo ya está instalado en Los Angeles.

Alfredo Rodríguez, joven talento pianístico cubano que envía en su tercer disco Tocororo un mensaje políglota en el que integra un toque explosivo y elocuente 
Tocororo, tercer título a su nombre tras Sounds of Space (2012) y The Invasion Parade (2014), toma su nombre de un ave trepadora endémica de Cuba. Producción típica crossover que gira alrededor de un eje afrocubano (base en trío), es un disco de amplio espectro estético que amplía su mensaje con invitados de distintas procedencias y folclores (Bona, Lizana, Ibeyi), todo ello sostenido por imaginativos arreglos en un envase concentrado. Es, por esa misma razón, un producto para público de gustos amplios, abierto al world-jazz, las músicas étnicas e incluso la clásica (con cita a Bach incluida). Es, como suma de estas consideraciones, una producción hecha para el éxito. Y lleva la rúbrica de Quincy Jones, por si quedaba alguna duda.

Tocororonombre de un pájaro endémico de Cuba, es un trabajo de amplio espectro. Producto típico crossover, gira alrededor de un eje afrocubano que amplía su mensaje con invitados provenientes de distintos folclores, todo ello sostenido por imaginativos arreglos

El disco empieza con un Chan Chan (Francisco Repilado/Compay Segundo) del que se extráen las partículas rítmicas elementales desde un piano percutido en las cuerdas. Es en este comienzo donde aparece el rotundo contraste de tiempos sin transición que caracterizan su discurso, unas rupturas arrolladoramente rítmicas reforzadas en los graves donde se comprueba una de las claves expresivas del músico: toque percusivo, contundencia y precisión en los cambios, asombroso juego de unísonos y resolución melódica inesperada. Los espacios de improvisación jazzística se restringen para ofrecer así una exposición en la que nada falte, en la que todo el color, el matiz y las voces invitadas tengan su momento destacado en una duración, decimos, ajustada al máximo para no decir más que lo necesario.

Tonadas cubanas que cantó Bola de Nieve (Ay mama Inés) o más modernas Sábanas Blancas (homenaje a La Habana, con Ibeyi a la voz), caudalosos cantos y ritmos afrocubanos (Yemayá), alusiones directas a Piazzolla (Adiós Nonino), cantos africanos (Bona en Raíces), flamencos (Antonio Lizana soleá por bulerías en Gitanerias, con un comienzo instrumental que es orfebrería de la música clásica-popular española), rendiciones clásicas (Jesu, Joy of Man`s Desiring, la cantata nº 147 de Bach, renovando la lectura de Jack Loussier) o hindúes (el que da título al disco, una síntesis maravillosa, con Ganavya al canto), todo esto queda sucintamente reflejado en la portada: caras y colores.

Un prisma musical que inicia su viaje en Cuba y no para de volar hasta encontrar su destino.





11 marzo 2017

GIYA KANCHELI Miniatures for violin and piano

GIYA KANCHELI
MINITURES FOR VIOLIN AND PIANO
Andrea Cortesi violín, Marco Venturi piano. 
Italia, octubre de 2015. Brillant Classics 2016


Sorprende la naturaleza íntima y descriptiva de este trabajo del compositor georgiano. Un disco que reúne 18 piezas breves para violín y piano que, si bien, en un primer momento dejan un efecto epidérmico, tienen, pese a su escritura abreviada, un calado sensitivo mayor. Es música queda, fluida y animada, un ciclo de bagatelas que contradicen el carácter apesadumbrado y explosivo, sujeto a extremos anímicos, de sus obras orquestales.

Es música queda, fluida y animada, un ciclo de bagatelas que contradicen el carácter apesadumbrado y explosivo, sujeto a extremos anímicos, de sus obras orquestales

“A pesar de los avances, nuestro planeta está envuelto en sangrientas contradicciones. Y ningún progreso en el arte puede soportar la fuerza destructiva que anula con facilidad el frágil proceso de construcción. Yo escribo para mí, sin albergar ninguna ilusión en que la belleza salvará al mundo”. Esta cita está extraída de uno de sus discos en ECM New Series. Giya Kancheli (1935) vive, como dice, en su espacio interior.



“Cuando una persona entra en una iglesia y aún no hay ningún servicio religioso, se produce un silencio especial. Yo quiero convertir ese silencio en música”

Su civilización cristiana en el Cáucaso, los bloques culturales que le rodean, hacen que su música se vea cargada de pesimismo y soledad. Este disco de “miniaturas” es una especie de epistolario bucólico-amoroso compartido en verano. Tiene una impronta afrancesada, impresionista pero también con la  ligereza de la "espuma de los días" de Boris Vian, donde caben formas clásicas, folclore, music hall, ragtime y, por su poder evocativo, cine. 

Son postales cargadas de sensibilidad y afectos que van de lo íntimo a lo luminoso evitando lo superficial. Es el descubrimiento de ese mensaje de escucha interior lo que da valor a estas pequeñas pero hermosas piezas: “Cuando una persona entra en una iglesia y aún no hay ningún servicio religioso, se produce un silencio especial. Yo quiero convertir ese silencio en música”. Ajustada al ánimo y a la luz la interpretación de Cortesi y Venturi



07 marzo 2017

JÓHANN JÓHANNSSON Arrival o la llegada del sonido-ficción

Jóhann Jóhannsson
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sonido-ficción
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Era uno de los candidatos más sólidos a llevarse el Óscar de este año a la mejor banda sonora por su trabajo en Arrival. El tema central, On the Nature of Daylight, de un autor coétáneo y cercano estéticamente como Max Ritcher también. Al final La La Land y su compositor Justin Hurwitz consiguieron ambos premios. No obstante, el autor finés suma ya tres obras de gran calidad que se adaptan a la perfección al cine de Denis Villeneuve, siendo la mejor de ellas ésta última. La siguiente será un reto aún mayor, poner música a Blade Runner 2049, donde repite tándem con el director canadiense. 
    
Por Jesús Gonzalo @noiself

Finalmente, Arrival se hizo un galardón que refleja en cierto modo la complejidad exuberante e imaginativa del tratamiento sónico del film: Óscar al mejor diseño de sonido. Y es la imbricación con la banda sonora en un planteamiento que describe algo nuevo, un contacto extraterrestre, lo que refuerza la idea del soberbio trabajo en sonido. Jóhannsson (Reikaivik, 1969) es un autor versátil pero con personalidad, un compositor de nuestra época, esquivo al término clásico, que aún teniendo formación académica y perspectiva histórica opta por armar un lenguaje que parta de una narrativa musical/visual y de la incorporación, digamos orgánica o seudo analógica de la electrónica.
De hecho, Jóhannsson se considera un creador analógico, aunque su música denota un grado de sofisticación en el tratamiento y equilibrio con el material acústico que parece desmentirlo. La cuestión quizá habría que buscarla en su fascinación por los aparatos y la tecnología anticuada o en desuso, las ondas de radio, la sintonización del dial, el mundo de la cinta magnetofónica en estudio... 


Arrival narra los contactos que se establecen con seres extraterrestres en distintos escenarios del planeta. Los esfuerzos por comunicarse empujan una historia en la que la música se acerca a la fonética y a la simbología del lenguaje

Estilísticamente su música que se sitúa en un cruce de caminos interesante aunque resulte evidente para alguien de su generación. Su estilo es post casi todo pero original. El minimalismo británico, con la suavidad oscura de perfiles ambient y gusto por la voz, es uno de esos senderos. Gavin Bryars, que también es narrativo o programático, recordemos The Sinking of the Titanic, sería uno. En otro sentido no muy alejado, habría otro compositor ineludible: el polaco Henryk Gòrecki y el turbador uso de cuerdas, sobre todo en los registros graves, de su Tercera Sinfonía. Idea que se evidencia en su último trabajo no cinematográfico sobre el mito de Orfeo para Deutsche Grammophon: Orphee (2016). Citado el elemento electrónico-analógico, cabe hablar de la elaboración de texturas, que alcanza su brillantez máxima en la banda sonora de Arrival y que el autor considera deudora del Espectralismo francés (Grisey, Murail).

Composición electroacústica 

Su capacidad para adaptarse y también para tomar riesgos le ha permitido afianzar su estimulante y equilibrado vínculo con el cineasta Danis Dilleneve en tres películas tan distintas como Prisioneros (énfasis en un sonido opresivo y al mismo tiempo esperanzado como el de Arvo Pärt, 2013), Sicario (potencia  el arsenal percusivo en contraste con volúmenes amenazadores, en línea con el de Jonny Greenwood para There Will be blood, 2015) y Arrival (síntesis, refinación y variedad de recursos y referentes del autor, 2016). 



La voz humana se transforma y adapta evitando un lenguaje articulado. Sonidos guturales ofrecen un perfil profundo y arcaico reforzado por percusión y cuerdas. El conjunto de Paul Hillier The Theatre of voices y la deformada electrónicamente de Robert Aiki Aubrey Lowe hacen de voces terrenales
La película plantea contactos con seres extraterrestres en distintos escenarios del planeta. La comunicación y el lenguaje son temas principales de su mensaje. Por tanto la voz tenía que hacerse presente de distintas maneras, entrecortada y como sonido que emite señales en morse (The Theatre of voices en segmentos rítmicos a lo Meredith Monk), desfigurada que alarga cada misterioso fonema (Robert Aiki Aubrey Lowe) o emitiendo sonidos guturales (Tibet) que ofrecen un canal de comunicación remoto, como fuera del tiempo. 

Brillante banda sonora que deja abierta grandes expectativas a la secuela de Blade Runner, cuyo compositor, Vangelis, admiraba Jóhannsson.



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04 marzo 2017

VELJO TORMIS La voz de los pueblos olvidados


VELJO TORMIS
La voz de los pueblos olvidados

La desnudez y humanidad, el regocijo y el lamento colectivo que rezuma Pueblos Olvidados (Unustatud Rahvad) bastaría para abrir un espacio en la historia de la composición coral al compositor estonio más conocido junto a Arvo Pärt. Apartado de cualquier corriente, sólo Bartók o Janáček estarían en esa línea de investigación y recreación sobre la tradición oral del pueblo llano. Su contribución a ella es inestimable. 


Veljo Tormis, fallecido el 21 de enero, alcanzó el prestigio internacional algo después de su compatriota Arvo Pärt, justo con la caída de la Unión Soviética. Sus obras están catalogadas en sellos como ECM, Chandos, Hyperion y conjuntos famosos como The King Singers, Holst Singers y Hilliard Ensemble le cantaron; aunque nadie trasmitió mejor su mensaje que las voces de su tierra, como el Estonian Chamber Choir o el Estonian Girls Choir, que se fundó para continuar su legado.


Veljo Tormis a la derecha del referente de la música en el siglo XX en Rusia y por extensión en todos sus países satélites: Dimitri Shostakovich sentado escribiendo. Sucedió en Tallin, 1970 

Tormis nació en 1930 no muy lejos de Tallin, en Kuusalu, al nordeste de Estonia. Su padre le enseñó música en el órgano de la iglesia en la que trabaja. La música para coro y órgano sería determinante en sus orquestaciones posteriores. Pasada la II Guerra Mundial, en 1949, entra en el conservatorio de Tallin, donde no pudo cursar los estudios de órgano al estar mal visto este instrumento para las autoridades soviéticas por su relación con la música religiosa. Marcha a estudiar a Moscú entre 1951-56 junto a Vissaron Shebalin, profesor que, pese a la presión comunista, estimulaba los acervos culturales propios de sus alumnos. 

Desde tiempos inmemoriales, la música y el canto han sido esenciales en la pervivencia de la identidad estonia. La tradición de los festivales corales, que se inició en el siglo XIX, sigue siendo uno de los eventos más representativos de su vida cultural. Al igual que otras músicas de raíz, su presencia fue puesta en observancia y censura por el régimen soviético, con el fin de evitar estimular cualquier tipo de insurgencia nacionalista.


Los maestros estonios Arvo Pärt y Veljo Tormispor motivos religiosos el primero y de identidad en el folclore el segundo, sufrieron la vigilancia del sistema soviético

El 11 de septiembre de 1989, alrededor del Festival Tradicional de coros, de hecho ya un año antes tuvo la misma expectación, se reunieron unas 300.000 personas, que durante toda una noche y hasta el alba estuvieron cantando. Entre las canciones estaba el himno nacional de Estonia, prohibido por las autoridades soviéticas. Se le llamó la “Revolución que canta”. Ese mismo año, Tormis concluye su obra más importante. Pueblos Olvidados.  Cancionero arcaico rescatado paciente y discretamente por el autor desde 1970, está compuesto por 51 piezas divididas en seis ciclos que representan otras tantas “tribus” de las regiones bálticas. 



Veljo Tormis
Estonian Philharmonic Chamber Choir. Tõnu Kaljuste conductor
Recorded February 1990, Tapiola Church, Finland
Produced by Paul Hillier


Forgotten Peoples ("Pueblos Olvidados") fecundo y emotivo ciclo de canciones arcaicas estonias y finesas que cuenta con la excepcional versión de uno de los mejores coros del mundo, el Estonian Philarmonic Chamber Choir 
Muchas de estas canciones tienen distintas temáticas, que van del amor a la agricultura o la guerra, y vienen marcadas por una voz solista que introduce la fórmula pregunta/respuesta con el coro mixto o femenino, sobre la que luego operan diversas dinámicas encadenadas. Ante la dicotomía entre tradición y avance, Tormis se decanta, se diría, por un enfoque antropológico que no pretende ser ni historicista ni cultista.

Brillante por su sencillez, emocionante por la claridad y encanto de la interpretación, hay verdad en estas canciones (especie de runas) que trasmiten escenas y ritos de la vida cotidiana de los pueblos de Estonia, Letonia y Finlandia, y cuyo rastro se extiende a Hungría e incluso a Rusia y Bulgaria. Su tema más interpretado fuera de Estonia es “Maldición hierro” (“Raua needmine”, 1972), que invoca un canto chamánico de los dioses de la guerra.

Escribió más de 500 canciones y también música instrumental y vocal para ópera y cine. Destaca ahí la premiada película “Kevade” (“Spring”, 1969, ver vídeo inferior), donde en formato orquestal se aprecia el tratamiento que dio a los coros de voces. 

Una música  elocuente y turbadora la de Tormis. 



Foto 1 de Veljo Tormis por Kaupo Kikkas.
Foto 2 y 3 archivo Estonian World





01 marzo 2017

MAX RICHTER Solo Piano Music

MAX RICHTER
SOLO PIANO MUSIC
Jeroen van Veen piano. 
Julio de 2016. Brillant Classics 95390-CD

De vez en vez aparecen nombres en el mundo clásico-contemporáneo cuya presencia provoca una mezcla de contrariedad y deseo. Por un lado crean controversia sobre su solvencia artística, por otro se piensa que podrían funcionar como estímulo para la difusión y el mercado. La prestigiosa discográfica alemana de música clásica Deutsche Grammophon lo sabe bien, puesto que los está acogiendo en su catálogo (de Ritcher una serie con título tan elocuente como Sleep). Algunas de estas figuras proceden de Gran Bretaña, se manejan en los contornos de la música repetitiva, la electrónica de evasión o de remezclas (su versión "recompuesta" de las Cuatro Estaciones de Vivaldi) y coinciden en el terreno  cinematográfico. Si se fijan, un ejemplo sería Michael Nyman, aunque él y su generación estaban directamente influidos por el primer minimalismo de los 60 y 70 y estos autores se han formado en los 80: son post minimalistas.

Max Richter (1966) está de moda. Su música la escuchan públicos muy diversos que se deleitan con un sonido envolvente y delicado, hecho de patrones sencillos y repetitivos. No confundir con el colosal pianista Sviatoslav Richter. Sirva esta alusión para marcar distancia entre dos pianos y autores con tan respetable apellido. 


Sucinta, hedonista y sensiblera, su música para piano está más cerca de la envoltura complaciente de Ludovico Enaudi que de las gotas de poesía concentrada de Erik Satie


El Ritcher que nos ocupa, económico, hedonista, sensiblero, romántico sin drama, está más cerca de la atmósfera de un pianista-ambient como Harold Budd o la complacencia de Ludovico Enaudi que de la genialidad concentrada en poesía en una gota de agua de Erik Satie o incluso del sonido más esquivo y enigmático de Hans Otte. Se llega a esta conclusión antes de confirmar que ambos, Enaudi y él, fueron alumnos de Luciano Berio: el maestro  desmentido. 

The Blue of Notebooks es el lejano álbum de 2004 del que se seleccionan varios temas, coloreados y espaciosos en la lectura de Van Veen. Written on the Sky, en sus tres versiones gemelas, es la más afortunada de sus piezas para cine. Tema de arrebatado lirismo para orquesta de cuerdas, se tituló On the Nature of Daylight en la película de Martin Scorsese Shutter Island y ahora ha sido reescrita con ese título para Arrival, poderosa banda sonora donde Ritcher coincide con Jóhann Jóhannsson

Sensibilidad confortable.